domingo, 15 de abril de 2012

Muchas gracias, nuevo amigo.




Es que hoy es un día especial. Os cuento lo que me ha pasado:
Venía de comprar pollo asado y patatas, ya sabéis, la comida del domingo (pollo o pizza), y veo una carretilla con algunos libros. ¡Libros! ¡Tenía que encontrármela yo, precisamente! Ella me encontró a mí....  Los libros eran viejos, por lo que pensé que pertenecían a un librero de libros de segunda mano. Y esperé.  Esperé a la persona dueña de la carretilla porque los libros eran buenos (¿sería posible? El Señor de las Moscas allí mismo y sin nadie para custodiarlo.) Espero, espero, espero. 

He querido comprar ese libro desde hace mucho tiempo, pero nunca lo hacía. Siempre parecía más importante otro título y la ocasión nunca parecía ser buena para él. (Ya será otro día el que lo compre...)
Nunca llegaba ese día. 
Hasta que llegó él.

No era un librero. Llegó con su gorra y sus ojos confiados; su sonrisa afectuosa y su gran intuición humana:
-¿Quieres un libro? -, me preguntó, con dulce amabilidad.
"Su profundo acento extranjero".
-Sí. Te estaba esperando -. Le sonreí.
-Cógelo- y me lo tendió con una sonrisa. 
-Pero no tengo dinero que darte -contesté, apenada. -¿Y si te doy otro a cambio? 
Se nos iluminó la cara a los dos. Asintió con la cabeza. 
-¿Me puedes esperar aquí un minuto? - (ansiosa).
-No, no puedo -, me dijo, sin enfado alguno. 
¿Por qué aquel era el único hombre pobre que yo había conocido sin barreras mentales de ningún tipo? No había mal humor ni rencores ni miedo sino confianza, y era ¡hacia mí! No quería nada de mí, solo sabía que me gustaba el libro, y no le importaba mucho quedarse sin él si a alguien le gustaba mucho. 
-Es un regalo, acéptalo - era como si le conociera de toda la vida. Como si en el barrio hubiera vivido y le hubiera visto siempre y esta fuera la primera vez que hablaba con él. 
-¡Gracias! -dije, llena de emoción. No sabía qué darle. Todo me parecía poco. Él parecía feliz de verme feliz, así de sencillo.
Le ofrecí el pan, pero tampoco quiso. 
Y nos despedimos; yo me fui a casa corriendo mientras él paraba en el siguiente contenedor de basura.

Por eso no se podía esperar....La policía, o bueno, sus urgencias....tendría que llegar pronto a alguna parte...quizá tuviera hijos. 

Llegué a casa corriendo y dejé todo sobre la mesa. Tomé una película reciente de Woody Allen que  rondaba por allí y salí con tanta velocidad como había entrado. De lo contrario no le encontraría.
No podía quedarme con el libro y no darle nada. A él le había parecido bien un intercambio.
Corrí por la plaza y no le vi. Le pregunté a un viejecito y me mandó callar como a una niña pequeña, no sé si con la intención de corregirme (¡esas cosas no se dicen!¿cómo que dónde está el hombre que antes había estado en ese basurero?), o porque simplemente era sordo y me indicaba que no podía hablar. 

En cualquier caso le encontré. A mi amigo, digo, le encontré, y le dije, divertida: "¡Te pillé!".
-Toma. Esta película es original. Es para ti. 
Me tendió la mano como si cerrásemos un negocio, aunque más bien aquello fue un primer contacto amistoso. 
Y me fui, porque sabía que aquel libro me lo había regalado con todo el amor de su corazón, pero también agradecía muchísimo esa correspondencia. 

No le pregunté su nombre, ni cuál es el país que le vio nacer. Pero su sonrisa me dijo más, y su forma de actuar, que muchas de las personas que conozco desde hace años. 
El día ha sido genial. Gracias por ello, nuevo amigo.


10 comentarios:

Ana dijo...

Cuanta calidad humana hay por ahí, la tuya y la suya ¡claro! La verdad es que es una buena anecdota, algo que recordar siempre, además conseguiste algo muy apreciado, algo que habías andando buscando hacía muchio tiempo, conserva ese pequeño tesoro y que disfrutes de su lectura.
Un abrazo
:)

Carol Torrecilla García dijo...

Gracias, Ana. Ya empecé el libro. Me está gustando mucho y la verdad es que estoy de buen humor desde la mañana.
Cuando encuentras a alguien así, como que te sientes mejor que nunca.
Besos, amiga.

Judith Bascones Lejter dijo...

Que lindo......me parece maravilloso que consigas todavia personas buenas en el camino...muchos besos

Judith Bascones Lejter dijo...

Que lindo......me parece maravilloso que consigas todavia personas buenas en el camino...muchos besos

Carol Torrecilla García dijo...

Gracias, Judith. Tú eres una amiga excepcional. No sé de qué te extrañas, pues con tu empatía conoces también a muchísimas personas.
Te quiero, amiga.

Judith Bascones Lejter dijo...

A veces no es tan facil.......cuentas de todos con mi amistad sincera. Espero que el destino sea bueno y ayude a que nos veamos.

Raquel dijo...

Es una anécdota preciosa, Carol. Un intercambio es una buena manera de devolver un favor. Al final el libro que siempre deseabas comprar llegó a ti de la manera más bonita posible.
Un abrazo Carol.

Carol Torrecilla García dijo...

Tienes razón, Raquel. Ha sido mejor que comprarlo en la librería. El domingo lleva siendo el mejor día de la semana. Aunque el día de ayer tampoco estuvo mal, =)

VICKY POETA dijo...

TIENE MUCHISIMO MAS VALOR CUANDO TE LO REGALAN DE TODO CORAZON, QUE IR A BUSCARLO A LA LIBRERIA, ESTO ES PARA RECORDAR TODA LA VIDA, TE LEIA Y PARECIA QUE ESTABA LEYENDO UN CUENTO, LO ESCRIBISTE TAN BIEN TAN FRESCO TAN TIERNO, FELICIDADES POR HABER ENCONTRADO ESE LIBRO AMIGA CUIDALO COMO UN TESORO Y NUNCA OLVIDES COMO LLEGO A TI

Carol Torrecilla García dijo...

Gracias, Vicky; tienes toda la razón. Nunca voy a olvidar cómo llegó ese libro hacia mí.
No le he vuelto a ver, pero espero que su situación mejore constantemente a mejor a pasos agigantados.
Te quiero, Lorelai.
Rory

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