A mi abuelo Juan y a todos los
abuelos del mundo que le cuentan a sus nietos.
En tu mirada, abuelo, supeque todo lo viste.
Nunca me entristeció, no:
me lanzó a la vida siempre
ese brillo fugaz de tus palabras
confesadas durante mi infancia
de noches de verano
compartidas en una ventana.
Tu butaca, abuelo,
mis siete años, y el filito de tu cama.
Qué estrechito era tu cuarto,
y qué limpito lo tenías.
Aventuras de una guerra en Tetuán,
y palabras siempre para una abuela
a quien no conocí.
Éramos Mami, tú y yo.
Los hermanos divertían.
Mi mejor amigo tú, abuelo.
Salvaste mi infancia, querido.
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2 comentarios:
Tan especial la figura del abuelo,cuando nutre y resana, es una sonrisa en el alma, tu poema es como esos secretos que se dicen las amigas entre risas, es como esos recuerdos que solo le contamos a quien goza de nuestra confianza, gracias por compartir esta bella memoria.
Un beso, bermejo.
Es cierto, Lynette.
Siempre recuerdo a mi abuelo con mucho cariño, pues vivió con nosotros hasta que murió.
Y la magia es que al recordarlo nunca me entristezco.
Qué bueno.
Un gran abrazo, amiga.
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