jueves, 14 de abril de 2011

Las estrellas brillaban y ahora tú eres una de ellas, abuelito.


A mi abuelo Juan y a todos los
abuelos del mundo que le cuentan a sus nietos.
En tu mirada, abuelo, supe
que todo lo viste.
Nunca me entristeció, no:
me lanzó a la vida siempre
ese brillo fugaz de tus palabras
confesadas durante mi infancia
de noches de verano
compartidas en una ventana.
Tu butaca, abuelo,
mis siete años, y el filito de tu cama.
Qué estrechito era tu cuarto,
y qué limpito lo tenías.
Aventuras de una guerra en Tetuán,
y palabras siempre para una abuela
a quien no conocí.
Éramos Mami, tú y yo.
Los hermanos divertían.
Mi mejor amigo tú, abuelo.
Salvaste mi infancia, querido.

Enlace de la imagen:http://1.bp.blogspot.com/_F-3ZeGRDZ6k/TTdeOMR_3KI/AAAAAAAAA1k/t-iGdV9RZWs/S240/Copia%2Bde%2BABUELO%2BY%2BNIETA.%2B03%2Bde%2Boctubre%2Bde%2B2009.GIF

2 comentarios:

Lynette M. Pérez dijo...

Tan especial la figura del abuelo,cuando nutre y resana, es una sonrisa en el alma, tu poema es como esos secretos que se dicen las amigas entre risas, es como esos recuerdos que solo le contamos a quien goza de nuestra confianza, gracias por compartir esta bella memoria.

Un beso, bermejo.

Nicole Sagan dijo...

Es cierto, Lynette.
Siempre recuerdo a mi abuelo con mucho cariño, pues vivió con nosotros hasta que murió.
Y la magia es que al recordarlo nunca me entristezco.
Qué bueno.
Un gran abrazo, amiga.

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