lunes, 1 de marzo de 2010

SIEMPRE TE RECORDAREMOS












Mi querido Amigo:







Quisiera darte un abrazo, hubiera querido estar contigo, pero no llegué a tiempo; ni siquiera viajé ni se me pasó por la mente porque yo ya no era de tu familia, pero sabes que mi amor por ti no disminuyó nada en absoluto.







Ojalá el sufrimiento que pasaste al final de tu vida, ese que ni siquiera puedo medir con toda mi vida ni existencia, querido tío, basten para que haya cesado ya todo dolor y solo te haya invadido la paz, yo espero esto con mucha seriedad en mi alma.







Porque no creo que tuvieran derecho, y mi pecho se quedaba henchido de pena, hasta que llegue el momento en que piense que estás en paz, y quiero pensarlo, pero no sé si me está permitido, no sé tus creencias, no tengo ni idea.







Yo, que humildemente no tengo otras, pero no quiero preguntar y reavivar el dolor de los que más te quisieron, en honor a nuestra amistad y a aquella correspondencia tan bella para ambos que no podré ver en mucho tiempo por el dolor pero también por la alegría y el posterior dolor, ay, no puedo evitarlo, te escribo aquí esta mi última misiva, que no creo que sea la última, porque espero que estés en algún lugar de la consciencia que sea lo que llamamos cielo, que tú tenías muy limpia. Y por ello, yo te deseo la paz, desde el principio te la deseo, la paz, porque todo son fases, y ya no habrá nada de lo malo que en este mundo habita, espero.







Te echaré de menos. Lo sabes. Mucho.







Como te decía, no sabía tus creencias o la ausencia de ellas.







Creo que ambos creemos en Dios. Yo espero que sencillamente descanses en paz, y que la felicidad invada tu alma, el amor y todo lo bueno de Dios.







Amén.







Siempre te recordaré.







Año 2010.







Carolina.