jueves, 10 de junio de 2010

Vente conmigo, vente.



Se trata de un café. No es nada más. Solo es para decirte lo mucho que te quiero. Pero no buscaré tu compañía si tú no valoras la mía.


No estoy hecha polvo, no, por tan solo todo lo que me rodea. Caíste con todas tus cosas a plomo sobre nosotros. Y se rompió algo.


Estoy tratando de comunicarme contigo, de retomar un diálogo, más bien las risas, esa empatía, me da miedo pronunciar la palabra amor. ¿La primera pelea? Estamos buenos.


Si vamos a huir uno del otro...., no es solución.


Un café para dos. Mejor haré café para parar un tren.


Yo te comprendo. Hemos estado callándonos las situaciones más agobiantes y hemos estallado a la vez. Y sin saberlo. Tenemos poco tiempo para hablar.


Nos estamos rallando, dijiste, y tienes razón. Prometí confiar en ti, y no lo cumplí del todo. La impaciencia me pudo. Lo siento.


Encontré la hostilidad por el camino, o tal vez la busqué yo, para abordar uno de tantos temas escondidos bajo la alfombra. Sabía que algo escondíamos, y tenía que hacerlo para llegar hasta ti.


Amor. Ven a compartir este café. No habrá nada que te diga que te duela. Solo diálogo pacífico. Solo te robaré besos. De eso tienes, te quedan, ¿no?


Te hará reír...más que eso. Te olvidarás del café y nos lo contaremos todo.


Los problemas se disolverán como el vaho en invierno en la madrugada de vuelta a casa cuando jugamos a fumar o a echar humo como locomotoras.


Te espero en nuestra cafetería favorita: la cocina de casa.


Café con azúcar moreno y tú y yo. ¿Acudirás a la cita? No se necesita confirmación.




Siempre tuya:


Caro.




2 comentarios:

Beni dijo...

Descafeinado por favor,fuera nervios.
Con mucho azucar. Me encanta el azucar moreno, ¿por qué no miel?

Quimey dijo...

Yo siempre tomo descafeinado; a mí también me encanta el azúcar, y si quieres, miel.

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